La familia en el siglo XXI
Familias desde el V Encuentro de Valencia-2006 -España-

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Publicado por CasaBetania el 1 de Febrero, 2011, 12:26 ~ Comentarios (10) ~ Comentar | Referencias (0)

¿Sirven para algo los curas?

LOS CURAS SIRVEN PARA SERVIR. Lo decía el padre a su hijo seminarista: como una
escoba, hijo mío, como una escoba, siempre dispuesta a ser utilizada, pero sin
esperar recompensa alguna; gastándose una vez y otra, pero sin esperar que la
coloquen en una vitrina. Los curas han aprendido bien las palabras del Maestro: "Yo
no he venido a ser servido, sino a servir" (Me 10, 44). Un cura que no sirve, no
sirve.

LOS CURAS SIRVEN PARA PERDONAR. Antes que maestros y litúrgos son testigos de la
misericordia divina. En un mundo violento y dividido, ellos son portadores del
diálogo y del perdón. Están siempre ahí, como casa de acogida. Abren sus puertas
cada día para escuchar confidencias, para quitar cargas, para devolver la alegría y
la esperanza.

LOS CURAS SIRVEN PARA ILUMINAR. Son portadores de la palabra de Dios, que tratan de
explicar y de vivir. Cuando nos cegamos con los espejismos y seducciones del mundo,
ellos nos recuerdan las Bienaventuranzas. Cuando nos movemos a ras de tierra, ellos
nos señalan el cielo. Cuando nos quedamos en la superficie de las cosas, ellos nos
descubren la presencia de Dios en todo.

SIRVEN PARA INTERCEDER. El sacerdote prolonga la mediación de Jesucristo. Por eso es
llamado pontífice, constructor de puentes entre el cielo y la tierra. Habla a Dios
de los hombres y habla a los hombres de Dios. Decía San Juan de Avila: "Relicarios
somos de Dios, casa de Dios y, a modo de decir, criadores de Dios... Esto, padres,
es ser sacerdotes: que amansen a Dios cuando estuviera, ¡ay!, enojado con su pueblo;
que tengan experiencia de que Dios oye sus oraciones y tengan tanta familiaridad con
El".

SIRVEN PARA AMAR. Reservan su corazón para amar del todo a todos. Quieren ser para
todos, amigos, padres y hermanos. Un amor liberado y agrandado. Un amor gratuito y
oblativo, como antorcha que se va gastando poco a poco.

SIRVEN PARA HACER PRESENTE A JESUCRISTO. Todo sacerdote está llamado a ser otro
Cristo. El sacerdote está para repetir las palabras y los gestos de Jesús, para
continuar sus pasos y desvelar su presencia, para prolongar y actualizar su amor
generoso. Y esto a dos niveles: el sacramental y el de la vida.

SIRVEN PARA SER EL ALMA DEL MUNDO. En un mundo sin espíritu, ellos son el alma, la
luz, la sal y el perfume. Sin el sacerdote todo sería un poco más feo y oscuro.
"Sacerdote no es el que se limita a hacer cosas, sino a hacer santos". (G.
Rovirosa). Es verdad que, en cierta medida, a todo cristiano se le puede aplicar
cuanto llevamos dicho, pero el sacerdote tiene vivencias y urgencias especiales.
Gracias, hermanos sacerdotes, por vuestra "inútil" luminosidad. Manda Señor,
sacerdotes, esos hombres tan raros que sólo sirven para servir.  ( Fr. Nelson M.Pd
.)  .

Publicado por CasaBetania el 26 de Agosto, 2009, 20:47 ~ Comentarios (9) ~ Comentar | Referencias (0)

Familia y Parroquia. (Enseñanzas de Benedicto XVI).

LA PARROQUIA, CASA DE LA FAMILIA CRISTIANA

        Una Parroquia es una demarcación canónica y un lugar donde se desarrollan unas acciones sacramentales y pastorales. Pero la parroquia es, sobre todo, una comunidad cristiana, formada por hombres y mujeres bautizados que quieren vivir según el modelo apostólico: escuchar la palabra de Dios, celebrar la Eucaristía y practicar la caridad fraterna.

         Una comunidad, por otra parte, siempre abierta al que llega y dispuesta a ofrecer y compartir la fe y la caridad. Como entidad fundamental es signo de vinculación, comunidad de fe, espacio de participación y corresponsabilidad, pastoral de conjunto, comunidad enviada y misionera que celebra la Eucaristía en espera de su Señor. Una fraternidad eclesial y una comunidad eucarística. Lugar privilegiado para el anuncio de la palabra Dios y la celebración de la Eucaristía. Si no se cuida bien este aliento de la palabra y del Pan de vida, la parroquia se vuelve estéril.

         Con un párroco como pastor propio y bajo la autoridad del obispo. Esta vinculación intrínseca, con la comunidad diocesana y con su obispo, asegura a la comunidad parroquial la pertenencia a la Iglesia universal[6].

         Lugar teológico. Benedicto XVI recuerda los criterios fundamentales que definen la naturaleza de la comunidad cristiana y, por tanto, también de toda parroquia. El modelo de referencia no es otro que la primera comunidad de Jerusalén: perseveraban en la escucha de la enseñanza de los Apóstoles, en la unión fraterna, en la fracción del pan, en la oración, en la hospitalidad y en el compartir los bienes[7].

         La parroquia es un "lugar teológico", donde el hombre se encuentra con Dios en la Palabra, en los sacramentos y en la caridad fraterna. El sacerdote anuncia el Evangelio, da a conocer a Jesucristo, cuida de la autenticidad y de la fidelidad de la fe, mantiene en la Iglesia el espíritu evangelizador. El sacerdote es dispensador de los misterios de Dios, sobre todo el de la Eucaristía y del perdón de los pecados. Es pastor que mantiene y edifica la comunión en la comunidad que se le confía[8].

         Ni una carga, ni un oficio, ni una simple función, sino que el sacerdote está configurado con Cristo, actúa en nombre de Cristo. Elegido de entre los hombres y permaneciendo cerca de ellos, pero consagrado enteramente a la obra de la salvación. La función del sacerdote está unida a la de Cristo: construye, santifica y gobierna su Cuerpo[9].

         Comunidad eclesial. Decía Benedicto XVI a los párrocos de Roma que la parroquia tiene que ser una "comunidad eclesial" y una "familia eclesial". Nunca puede quedarse en una masa de fieles anónimos[10]. Impulsor y primer artífice de esta unidad eclesial tiene que ser el párroco. Pero sabiendo integrar a todos en el trabajo de la parroquia, y teniendo en cuenta dos formas de autotrascendencia: colaborar en la diócesis y que el Evangelio pueda llegar a todos, incluidos ateos, agnóstico e indiferentes[11].

         Compartir, colaborar, sentirse corresponsables. Este es el estilo que debe animar la vida de la parroquia. La comunión eclesial exige la participación responsable y activa de todos: obispo, sacerdotes, diáconos, miembros de la vida consagrada, asociaciones, movimientos y comunidades. La unidad y sintonía entre todos formará una Iglesia particular viva y orgánicamente insertada en el pueblo de Dios[12].

         La Iglesia, con Cristo resucitado, no duerme, sino que se revitaliza continuamente por la gracia del Espíritu. Como lo recomienda Benedicto XVI, hay que bendecir al Señor por la madurez y vitalidad de nuestras comunidades parroquiales, en la entrega de muchos laicos que colaboran en la nueva evangelización; por los catequista que, con ejemplar abnegación, hacen resonar la palabra de Dios en medio de las parroquias; por la entusiasmada presencia de los jóvenes; por los nuevos movimientos eclesiales y su dinamismo evangelizador; por la revitalización y nueva creación de institutos de vida consagrada; por las numerosas obras educativas, asistenciales y hospitalarias promovidas por la Iglesia católica[13]. Todo ello es una señal de la presencia del Espíritu en la Iglesia.

         Pero, también se constata cierto debilitamiento de la vida cristiana y hasta de una clara conciencia de pertenecer a la Iglesia católica. El secularismo roba el alma y vuelve a la persona indiferente ante las cosas de Dios. Ya nada importa nada. En esta situación, al estar atrapado por el propio subjetivismo, resulta fácil el ser manipulado por cualquier secta o movimiento pseudoreligioso.

         La parroquia tiene que ser una señal de la presencia de Dios y de la Iglesia en medio del mundo y con la Iglesia. Decía Benedicto XVI, que la realidad se falsifica cuando de ella se excluye a Dios. Se quiere ayudar a mejorar la sociedad, el mundo, pero las recetas no resultan eficaces y los caminos están equivocados. Sin Dios, la realidad es un concepto incompleto y, en definitiva, falso. "Sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano"[14]. Hay que emprender el camino, pero como verdaderos discípulos de Cristo. No se puede hacer en solitario, metidos en un egoísmo anquilosante y obstructivo. Caminamos con Cristo y con nuestros hermanos. Esta es nuestra seguridad y nuestra confianza.

         Razón y fundamento vocacional. En el seno de la comunidad cristiano, en este caso la parroquia, es de donde tienen que surgir los ministros que la sirvan. Presbíteros y diáconos, ministros y personas consagradas, catequistas y servidores de la caridad y de los enfermos. Pero, de una manera particular, la vocación sacerdotal del anunciador de la palabra y el ministro del perdón.

         Cristo es el principio y la garantía de la vocación. No nos empeñemos en querer justificar la vocación con unas motivaciones que no sean las de una incondicional y valiente entrega de la vida al servicio del amor de Dios manifestado en Jesucristo. Si se quiere "hacer latir el corazón del mundo", primero hay que dejar que Cristo haga vibrar el espíritu de los hombres con toda la fuerza de su vida, entregada sin reserva a poner en el corazón de los hombres el amor de Dios.

         Los sacerdotes no son pregoneros de unas determinadas ideas, por muy apreciables que sean, sino de Cristo. Y lo hacen, ante todo, con el testimonio de su propia vida. Quien trata de anunciar a Cristo tiene que ser una persona embelesada con el Señor, llena de su Espíritu, entusiasmada con la doctrina y la persona de Cristo. Solamente así podrá acercarse a los demás y les hablará de lo que ha visto en Cristo y lo que ha oído de sus labios: si quieres venir conmigo, déjalo todo y sígueme.

         Es un don que Cristo ha dado a la Iglesia; por eso, el sacerdote, además de tener clara conciencia de que ha sido llamado, tiene que poner a disposición de la comunidad humana el Espíritu que ha recibido con el sacramento del orden.

         El ministerio del sacerdote es imprescindible en la comunidad cristiana. Por eso, nunca podremos resignarnos a ver reducido el número de las vocaciones sacerdotales y de las ordenaciones. "Esta resignación sería un signo fatal para la vitalidad del pueblo cristiano, sería peligroso para su futuro y para su misión. Y sería ambiguo, bajo pretexto de hacer frente con realismo al próximo futuro, organizar las comunidades cristianas como si éstas pudieran prescindir, en gran parte,  del ministerio sacerdotal. Preguntémonos, por el contrario, si hacemos todo lo posible para avivar en el pueblo cristiano la conciencia de la belleza y de la necesidad del sacerdocio, para despertar las vocaciones, estimularlas y conseguir que maduren"[15].

         Ministerio pastoral. Como la Iglesia, la parroquia tiene su razón de existencia en la evangelización, que se lleva a cabo, de una forma práctica, en las distintas acciones que pueden realizarse para dar a conocer la palabra de Dios, celebrar los sacramentos y vivir la caridad fraterna. Las acciones pueden ser muchas y variadas; la finalidad siempre la misma: vivir según el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Acercando a todos al amor de Dios, que es el único capaz de colmar las más altas aspiraciones del hombre.

Publicado por CasaBetania el 25 de Agosto, 2009, 21:52 ~ Comentarios (7) ~ Comentar | Referencias (0)

Eutanasia (II)

Declaración "Iura et bona" sobre la Eutanasia
Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe

III. El cristiano ante el sufrimiento y el uso de los analgésicos

La muerte no sobreviene siempre en condiciones dramáticas, al final de sufrimientos insoportables. No debe pensarse únicamente en los casos extremos. Numerosos testimonios concordes hacen pensar que la misma naturaleza facilita en el momento de la muerte una separación que sería terriblemente dolorosa para un hombre en plena salud. Por lo cual una enfermedad prolongada, una ancianidad avanzada, una situación de soledad y de abandono, pueden determinar tales condiciones psicológicas que faciliten la aceptación de la muerte.

Sin embargo se debe reconocer que la muerte precedida o acompañada a menudo de sufrimientos atroces y prolongados es un acontecimiento que naturalmente angustia el corazón del hombre.

El dolor físico es ciertamente un elemento inevitable de la condición humana, a nivel biológico, constituye un signo cuya utilidad es innegable; pero puesto que atañe a la vida psicológica del hombre, a menudo supera su utilidad biológica y por ello puede asumir una dimensión tal que suscite el deseo de eliminarlo a cualquier precio.

Sin embargo, según la doctrina cristiana, el dolor, sobre todo el de los últimos momentos de la vida, asume un significado particular en el plan salvífico de Dios; en efecto, es una participación en la pasión de Cristo y una unión con el sacrificio redentor que Él ha ofrecido en obediencia a la voluntad del Padre. No debe pues maravillar si algunos cristianos desean moderar el uso de los analgésicos, para aceptar voluntariamente al menos una parte de sus sufrimientos y asociarse así de modo consciente a los sufrimientos de Cristo crucificado (cf. Mt 27, 34). No sería sin embargo prudente imponer como norma general un comportamiento heroico determinado. Al contrario, la prudencia humana y cristiana sugiere para la mayor parte de los enfermos el uso de las medicinas que sean adecuadas para aliviar o suprimir el dolor, aunque de ello se deriven, como efectos secundarios, entorpecimiento o menor lucidez. En cuanto a las personas que no están en condiciones de expresarse, se podrá razonablemente presumir que desean tomar tales calmantes y suministrárseles según los consejos del médico.

Pero el uso intensivo de analgésicos no está exento de dificultades, ya que el fenómeno de acostumbrarse a ellos obliga generalmente a aumentar la dosis para mantener su eficacia. Es conveniente recordar una declaración de Pío XII que conserva aún toda su validez. Un grupo de médicos le había planteado esta pregunta: "¿La supresión del dolor y de la conciencia por medio de narcóticos ... está permitida al médico y al paciente por la religión y la moral (incluso cuando la muerte se aproxima o cuando se prevé que el uso de narcóticos abreviará la vida)?". El Papa respondió: "Si no hay otros medios y si, en tales circunstancias, ello no impide el cumplimiento de otros deberes religiosos y morales: Sí" (5). En este caso, en efecto, está claro que la muerte no es querida o buscada de ningún modo, por más que se corra el riesgo por una causa razonable: simplemente se intenta mitigar el dolor de manera eficaz, usando a tal fin los analgésicos a disposición de la medicina.

Los analgésicos que producen la pérdida de la conciencia en los enfermos, merecen en cambio una consideración particular. Es sumamente importante, en efecto, que los hombres no sólo puedan satisfacer sus deberes morales y sus obligaciones familiares, sino también y sobre todo que puedan prepararse con plena conciencia al encuentro con Cristo. Por esto, Pío XII advierte que "no es lícito privar al moribundo de la conciencia propia sin grave motivo" (6).

IV. El uso proporcionado de los medios terapéuticos

Es muy importante hoy día proteger, en el momento de la muerte, la dignidad de la persona humana y la concepción cristiana de la vida contra un tecnicismo que corre el riesgo de hacerse abusivo. De hecho algunos hablan de "derecho a morir" expresión que no designa el derecho de procurarse o hacerse procurar la muerte como se quiere, sino el derecho de morir con toda serenidad, con dignidad humana y cristiana. Desde este punto de vista, el uso de los medios terapéuticos puede plantear a veces algunos problemas.

En muchos casos, la complejidad de las situaciones puede ser tal que haga surgir dudas sobre el modo de aplicar los principios de la moral. Tomar decisiones corresponderá en último análisis a la conciencia del enfermo o de las personas cualificadas para hablar en su nombre, o incluso de los médicos, a la luz de las obligaciones morales y de los distintos aspectos del caso.

Cada uno tiene el deber de curarse y de hacerse curar. Los que tienen a su cuidado los enfermos deben prestarles su servicio con toda diligencia y suministrarles los remedios que consideren necesarios o útiles.

¿Pero se deberá recurrir, en todas las circunstancias, a toda clase de remedios posibles?

Hasta ahora los moralistas respondían que no se está obligado nunca al uso de los medios "extraordinarios". Hoy en cambio, tal respuesta siempre válida en principio, puede parecer tal vez menos clara tanto por la imprecisión del término como por los rápidos progresos de la terapia. Debido a esto, algunos prefieren hablar de medios "proporcionados" y "desproporcionados". En cada caso, se podrán valorar bien los medios poniendo en comparación el tipo de terapia, el grado de dificultad y de riesgo que comporta, los gastos necesarios y las posibilidades de aplicación con el resultado que se puede esperar de todo ello, teniendo en cuenta las condiciones del enfermo y sus fuerzas físicas y morales.

Para facilitar la aplicación de estos principios generales se pueden añadir las siguientes puntualizaciones:

A falta de otros remedios, es lícito recurrir, con el consentimiento del enfermo, a los medios puestos a disposición por la medicina más avanzada, aunque estén todavía en fase experimental y no estén libres de todo riesgo. Aceptándolos, el enfermo podrá dar así ejemplo de generosidad para el bien de la humanidad.

Es también lícito interrumpir la aplicación de tales medios, cuando los resultados defraudan las esperanzas puestas en ellos. Pero, al tomar una tal decisión, deberá tenerse en cuenta el justo deseo del enfermo y de sus familiares, así como el parecer de médicos verdaderamente competentes; éstos podrán sin duda juzgar mejor que otra persona si el empleo de instrumentos y personal es desproporcionado a los resultados previsibles, y si las técnicas empleadas imponen al paciente sufrimientos y molestias mayores que los beneficios que se pueden obtener de los mismos.

Es siempre lícito contentarse con los medios normales que la medicina puede ofrecer. No se puede, por lo tanto, imponer a nadie la obligación de recurrir a un tipo de cura que, aunque ya esté en uso, todavía no está libre de peligro o es demasiado costosa. Su rechazo no equivale al suicidio: significa más bien o simple aceptación de la condición humana, o deseo de evitar la puesta en práctica de un dispositivo médico desproporcionado a los resultados que se podrían esperar, o bien una voluntad de no imponer gastos excesivamente pesados a la familia o la colectividad.

Ante la inminencia de una muerte inevitable, a pesar de los medios empleados, es lícito en conciencia tomar la decisión de renunciar a unos tratamientos que procurarían únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia, sin interrumpir sin embargo las curas normales debidas al enfermo en casos similares. Por esto, el médico no tiene motivo de angustia, como si no hubiera prestado asistencia a una persona en peligro.

Conclusión

Las normas contenidas en la presente Declaración están inspiradas por un profundo deseo de servir al hombre según el designio del Creador. Si por una parte la vida es un don de Dios, por otra la muerte es ineludible; es necesario, por lo tanto, que nosotros, sin prevenir en modo alguno la hora de la muerte, sepamos aceptarla con plena conciencia de nuestra responsabilidad y con toda dignidad. Es verdad, en efecto que la muerte pone fin a nuestra existencia terrenal, pero, al mismo tiempo, abre el camino a la vida inmortal. Por eso, todos los hombres deben prepararse para este acontecimiento a la luz de los valores humanos, y los cristianos más aún a la luz de su fe.

Los que se dedican al cuidado de la salud pública no omitan nada, a fin de poner al servicio de los enfermos y moribundos toda su competencia; y acuérdense también de prestarles el consuelo todavía más necesario de una inmensa bondad y de una caridad ardiente. Tal servicio prestado a los hombres es también un servicio prestado al mismo Señor, que ha dicho: "...Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 40).

El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en el transcurso de una audiencia concedida al infrascripto cardenal Prefecto ha aprobado esta Declaración, decidida en reunión ordinaria de esta Sagrada Congregación, y ha ordenado su publicación.

Roma, desde la Sede de la Sagrada Congregación para la Doctrina le la Fe, 5 de mayo de 1980.

Cardenal Franjo SEPER, Prefecto

Jerôme HAMER, arzobispo titular de Lorium, Secretario.

Publicado por CasaBetania el 10 de Marzo, 2009, 7:06 ~ Comentarios (8) ~ Comentar | Referencias (0)

Eutanasia (I)

Declaración "Iura et bona" sobre la Eutanasia
Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe

Introducción

Los derechos y valores inherentes a la persona humana ocupan un puesto importante en la problemática contemporánea. A este respecto, el Concilio Ecuménico Vaticano II ha reafirmado solemnemente la dignidad excelente de la persona humana y de modo particular su derecho a la vida. Por ello ha denunciado los crímenes contra la vida, como "homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado" (Gaudium et spes, 27).

La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, que recientemente ha recordado la doctrina católica acerca del aborto procurado (1), juzga oportuno proponer ahora la enseñanza de la Iglesia sobre el problema de la eutanasia.

En efecto, aunque continúen siendo siempre válidos los principios enunciados en este terreno por los últimos Pontífices (2), los progresos de la medicina han hecho aparecer, en los recientes años, nuevos aspectos del problema de la eutanasia que deben ser precisados ulteriormente en su contenido ético.

En la sociedad actual, en la que no raramente son cuestionados los mismos valores fundamentales de la vida humana, la modificación de la cultura influye en el modo de considerar el sufrimiento y la muerte; la medicina ha aumentado su capacidad de curar y de prolongar la vida en determinadas condiciones que a veces ponen problemas de carácter moral. Por ello los hombres que viven en tal ambiente se interrogan con angustia acerca del significado de la ancianidad prolongada y de la muerte, preguntándose consiguientemente si tienen el derecho de procurarse a sí mismos o a sus semejantes la "muerte dulce", que serviría para abreviar el dolor y sería, según ellos más conforme con la dignidad humana.

Diversas Conferencias Episcopales han preguntado al respecto a esta Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, la cual, tras haber pedido el parecer de personas expertas acerca de los varios aspectos de la eutanasia, quiere responder con esta Declaración a las peticiones de los obispos, para ayudarles a orientar rectamente a los fieles y ofrecerles elementos de reflexión que puedan presentar a las autoridades civiles a propósito de este gravísimo problema.

La materia propuesta en este documento concierne ante todo a los que ponen su fe y esperanza en Cristo, el cual mediante su vida, muerte y resurrección ha dado un nuevo significado a la existencia y sobre todo a la muerte del cristiano, según las palabras de San Pablo: "pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, morimos para el Señor. En fin, sea que vivamos, sea que muramos, del Señor somos" (Rom. 14, 8; Flp 1, 20).

Por lo que se refiere a quienes profesan otras religiones, muchos admitirán con nosotros que la fe ¬si la condividen¬ en un Dios creador, Providente y Señor de la vida confiere un valor eminente a toda persona humana y garantiza su respeto.

Confiamos, sin embargo, en que esta Declaración recogerá el consenso de tantos hombres de buena voluntad, los cuales, por encima de diferencias filosóficas o ideológicas, tienen una viva conciencia de los derechos de la persona humana. Tales derechos, por lo demás, han sido proclamados frecuentemente en el curso de los últimos años en declaraciones de Congresos Internacionales (3); y tratándose de derechos fundamentales de cada persona humana, es evidente que no se puede recurrir a argumentos sacados del pluralismo político o de la libertad religiosa para negarles valor universal.

I. Valor de la vida humana

La vida humana es el fundamento de todos los bienes, la fuente y condición necesaria de toda actividad humana y de toda convivencia social. Si la mayor parte de los hombres creen que la vida tiene un carácter sacro y que nadie puede disponer de ella a capricho, los creyentes ven a la vez en ella un don del amor de Dios, que son llamados a conservar y hacer fructificar. De esta última consideración brotan las siguientes consecuencias:

1. Nadie puede atentar contra la vida de un hombre inocente sin oponerse al amor de Dios hacia él, sin violar un derecho fundamental, irrenunciable e inalienable, sin cometer, por ello, un crimen de extrema gravedad (4).

2. Todo hombre tiene el deber de conformar su vida con el designio de Dios. Esta le ha sido encomendada como un bien que debe dar sus frutos ya aquí en la tierra, pero que encuentra su plena perfección solamente en la vida eterna.

3. La muerte voluntaria o sea el suicidio es, por consiguiente, tan inaceptable como el homicidio; semejante acción constituye en efecto, por parte del hombre, el rechazo de la soberanía de Dios y de su designio de amor. Además, el suicidio es a menudo un rechazo del amor hacia sí mismo, una negación de la natural aspiración a la vida, una renuncia frente a los deberes de justicia y caridad hacia el prójimo, hacia las diversas comunidades y hacia la sociedad entera, aunque a veces intervengan, como se sabe, factores psicológicos que pueden atenuar o incluso quitar la responsabilidad.

Se deberá, sin embargo, distinguir bien del suicidio aquel sacrificio con el que, por una causa superior ¬como la gloria de Dios, la salvación de las almas o el servicio a los hermanos¬ se ofrece o se pone en peligro la propia vida.

II. La eutanasia

Para tratar de manera adecuada el problema de la eutanasia, conviene ante todo precisar el vocabulario.

Etimológicamente la palabra eutanasia significaba en la antigüedad una muerte dulce sin sufrimientos atroces. Hoy no nos referimos tanto al significado original del término, cuanto más bien a la intervención de la medicina encaminada a atenuar los dolores de la enfermedad y da la agonía, a veces incluso con el riesgo de suprimir prematuramente la vida. Además el término es usado, en sentido mas estricto, con el significado de "causar la muerte por piedad", con el fin de eliminar radicalmente los últimos sufrimientos o de evitar a los niños subnormales, a los enfermos mentales o a los incurables la prolongación de una vida desdichada, quizás por muchos años que podría imponer cargas demasiado pesadas a las familias o a la sociedad.

Es pues necesario decir claramente en qué sentido se toma el término en este documento.

Por eutanasia se entiende una acción o una omisión que por su naturaleza, o en la intención, causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor. La eutanasia se sitúa pues en el nivel de las intenciones o de los métodos usados.

Ahora bien, es necesario reafirmar con toda firmeza que nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie además puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo. Se trata en efecto de una violación de la ley divina, de una ofensa a la dignidad de la persona humana, de un crimen contra la vida, de un atentado contra la humanidad.

Podría también verificarse que el dolor prolongado e insoportable, razones de tipo afectivo u otros motivos diversos, induzcan a alguien a pensar que puede legítimamente pedir la muerte o procurarla a otros. Aunque en casos de ese género la responsabilidad personal pueda estar disminuida o incluso no existir, sin embargo el error de juicio de la conciencia ¬aunque fuera incluso de buena fe¬ no modifica la naturaleza del acto homicida, que en sí sigue siendo siempre inadmisible. Las súplicas de los enfermos muy graves que alguna vez invocan la muerte no deben ser entendidas como expresión de una verdadera voluntad de eutanasia; éstas en efecto son casi siempre peticiones angustiadas de asistencia y de afecto. Además de los cuidados médicos, lo que necesita el enfermo es el amor, el calor humano y sobrenatural, con el que pueden y deben rodearlo todos aquellos que están cercanos, padres e hijos, médicos y enfermeros.

.

Publicado por CasaBetania el 10 de Marzo, 2009, 7:05 ~ Comentarios (8) ~ Comentar | Referencias (0)

Día de la FAMILIA. DICIEMBRE 2008

Homilía del Cardenal Rouco en la Misa de la Sgda. Familia

Homilía del Emmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal-Arzobispo de Madrid
en la Fiesta de la Sagrada Familia

Plaza de Colón, 28 diciembre 2008

Pulse aquí para escuchar la homilía

ImageMis queridos hermanos y hermanas en el Señor:

1. De nuevo, este año, hemos venido a celebrar la Fiesta de la Sagrada Familia, la Familia de Jesús, María y José, a la madrileña Plaza de Colón, unidos a todas las familias cristianas de España en comunión de fe, esperanza y amor. Se ha iniciado nuestra celebración escuchando y acogiendo con afecto y gratitud filial las luminosas y estimulantes palabras que nuestro Santo Padre ha querido dirigirnos una vez más desde la Plaza de San Pedro en el marco del rezo dominical del Ángelus. El Papa, extraordinariamente sensible a las necesidades humanas y espirituales de la familia en estos momentos tan críticos por los que atraviesa la humanidad, ha querido alentarnos a todos los presentes, pero de un modo muy especial a las familias que formáis esta magna Asamblea eucarística, a ser testigos valientes e incansables del Evangelio de la Familia, con obras y palabras, en la Iglesia y en el mundo, porque del bien integral de la familia depende la suerte de toda la familia humana. En el corazón de este Evangelio se encuentra una verdad fundamental: la familia es gracia de Dios. Y un modelo para vivirla: la Sagrada Familia de Nazareth. Gracia de Dios quiere decir: la familia es fruto del amor creador y redentor de Dios. Y, el modelo de Nazareth, la posibilidad de vivir la familia en la integridad y belleza de su ser como comunidad indisoluble de amor y de vida, fundada en la donación esponsal del varón a la mujer y de la mujer al varón y, por ello, esencialmente abierta al don de la vida: a los hijos.

2. Esta verdad y este modelo de la familia, comprendida en toda su belleza, natural y sobrenatural, que ilumina la fe cristiana esplendorosamente, es lo que queremos vivir y celebrar hoy en esta Eucaristía, ¡“el Sacramento del Amor de los Amores”!, con el gozo de saberse hijos de Dios, destinados a vivir la existencia por los caminos del mundo y de la historia como una vocación para el amor. Esta verdad y este modelo de la verdadera familia, cuya actualidad no pasa nunca, es lo que queremos anunciar y presentar de nuevo hoy al mundo con nuestra celebración eucarística en la Plaza de Colón, no olvidando lo que tantas veces Juan Pablo II recordaba como “la regla de oro” de toda evangelización, la última vez, en aquella memorable Vigilia mariana de “Cuatro Vientos” con los jóvenes de España, el 3 de mayo del 2003, víspera de la canonización de cinco santos españoles del siglo XX, en esta misma plaza: “Testimoniad con vuestra vida –les decía– que las ideas no se imponen, sino que se proponen”. El Concilio Vaticano II había enseñado ya antes, en 1965, que “la verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra, con suavidad y firmeza a la vez, en las almas” (DH 1).

3. Estamos convencidos, por la gracia de Dios –la gracia que a todos se ofrece y que a nadie rechaza, a no ser que ella misma sea rechazada– de que no sólo es posible concebir, ordenar y vivir el matrimonio y la familia de forma muy distinta a la que en tantos ambientes de nuestra sociedad está de moda y que dispone de tantos medios y oportunidades mediáticas, educativas y culturales para su difusión, sino que, además, es la que responde a las exigencias más hondas y auténticas de amor y de felicidad que anidan en el corazón del hombre. ¡El futuro de la humanidad pasa por la familia!, insistía Juan Pablo II. La familia “es la principal agencia de paz”, afirmaba Benedicto XVI.

4. Es, por ello, una gran alegría poder saludaros a tantas familias venidas de todos los rincones de España, junto a las familias madrileñas, en nombre de los Sres. Cardenales, Arzobispos y Obispos, que concelebran conmigo en esta solemnísima Eucaristía de la Fiesta de la Sagrada Familia, y, también, en nombre de los numerosísimos sacerdotes concelebrantes, venidos no sólo de Madrid, sino de muchas otras Diócesis de España. ¡Os saludo, queridas familias, con aquel afecto pastoral que renace en cada Navidad al calor del Niño Jesús recién nacido en la cuna de Belén, muy cerca de María y de José, y os agradezco vuestra respuesta a la invitación para celebrar “eucarísticamente” el día de la Sagrada Familia en este lugar, vinculado por tantos y tan memorables acontecimientos a la más reciente historia de la Iglesia en España ¡Respuesta sacrificada y generosa! 

El saludo se dirige, en primer lugar, con respeto y emoción agradecida a los abuelos, protagonistas callados pero decisivos hoy y tantas veces de la educación cristiana de sus nietos: los niños y los jóvenes en los que se cifra el inmediato futuro de la sociedad y de la Iglesia. Nuestro saludo se vuelve también cercano, afectísimo y animoso a los matrimonios, a los padres y madres de familia que llenáis con vuestros hijos la Plaza de Colón en este día tan señalado para las familias cristianas de España. ¡Estamos a vuestro lado con nuestra oración y nuestros desvelos de Pastores de la Iglesia en esta coyuntura histórica, excepcional por tantos motivos, en la que vuestros esfuerzos por hacer de vuestras familias santuarios de la vida, hogares del amor y testimonios de esperanza para los hombres y la sociedad de nuestro tiempo, resulta una tarea tan difícil como hermosa! Saludamos también con mucho afecto a los numerosos jóvenes que participan en la celebración con la alegría y el compromiso cristiano que hoy de nuevo han puesto a prueba con su desprendida y pronta colaboración para el mejor desarrollo de esta celebración; haced vuestro hoy, renovados en el amor a Jesús, José y María, el comportamiento en vuestras casas al que os exhorta la Palabra de Dios: “el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha” (Eclo 3, 2-6). Y, finalmente, nuestro más entrañable saludo va dirigido a los numerosos niños que tomáis parte, sin duda muchos por primera vez, en esta Fiesta de la Familia cristiana en la Plaza de Colón, rodeando el Altar de la Eucaristía. ¡Vosotros sois los preferidos del Señor! Jesús se lo decía y lo continúa diciendo en primer lugar a los mayores, pero también hablándoos a vosotros, queridos niños. Decía Jesús: “Dejad que los niños vengan a mí porque de ellos es el reino de los Cielos”. Los niños necesitan de sus padres. Necesitan del amor de un padre y de una madre para poder ser engendrados, traídos al mundo, criados y educados conforme a la dignidad que les es propia desde el momento en el que son concebidos en el vientre materno: la dignidad de personas, llamadas a ser hijos de Dios. ¡De todos ellos, desde ese primer instante de su existencia, es el Reino de los Cielos! No podemos, ni queremos olvidarlos en esta celebración solemnísima de la Sagrada Familia. Estremece el hecho y el número de los que son sacrificados por la sobrecogedora crueldad del aborto, una de las lacras más terribles de nuestro tiempo tan orgulloso de sí mismo y de su progreso. Ellos son los nuevos “Santos Inocentes” de la época contemporánea. Por otro lado, el Santo Padre en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero del 2009, “Compartir la pobreza, Construir la paz”, llama la atención de la comunidad internacional sobre el dramatismo de los datos que se refieren a la pobreza de los niños y de cómo es a ellos a quienes golpean en primer lugar las situaciones de pobreza de sus familias: “Cuando la pobreza afecta a una familia –nos dice el Papa–, los niños son las víctimas más vulnerables: casi la mitad de quienes viven en pobreza absoluta son niños” (n. 5).

5. Queridas familias: si quisiéramos cifrar la verdad del Evangelio de la Familia en un aspecto central que la inspira e ilumina en su totalidad, habríamos de afirmar: la función esencial de la familia es ejercer de cauce primordial para que el hombre descubra que su vocación, la que constituye la razón de ser de su existencia, es el amor: ¡participación en el amor verdadero, en el tiempo y en la eternidad!; por lo tanto ¡la participación en el amor que viene de Dios y a Dios lleva! “El hombre no puede vivir sin amor”, enseñaba Juan Pablo II en su primera Encíclica “Redemptor Hominis” (n. 10). Y añadía: el hombre “permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente”. Benedicto XVI, por su parte, también en su primera Encíclica “Deus caritas est” (n. 28, b), recordaba que “quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto tal”. Cuando el varón y la mujer se entregan mutuamente para toda la vida en el verdadero matrimonio, se aman. Cuando no impiden que de la donación mutua de sus personas –de sus cuerpos y de sus almas– brote una vida nueva, la de sus hijos, pro-creados con Dios, están amando profundamente. Cuando los crían y educan con sacrificios sin cuento, siguen ejerciendo el amor bajo el signo de la Cruz gloriosa de Jesucristo. Y, los hijos… los hijos aprenden a amar experimentando cómo son amados gratuitamente, por sí mismos, y correspondiendo, de su parte, al amor de sus padres con su propio amor, desprendido y entregado sin reservas en la obediencia filial y en la compañía y sostén que deben prestarles durante todos sus días.

6. Muchas son en las actuales circunstancias, queridas familias, las dificultades de toda índole –económicas, sociales, jurídicas y culturales, morales y espirituales– que se interponen en el camino de la plena realización de vuestra vocación de esposos y de padres cristianos. ¿Cómo afrontarlas? ¡Mirando y siguiendo al modelo de la Sagrada Familia de Nazareth, siempre luminoso y siempre actual!

¿Cómo se enfrenta María con aquella situación, humanamente vista, insoluble, que resultaba de concebir al Hijo del Altísimo sin haber conocido varón? El repudio era la respuesta de la ley de su Pueblo. Y ¿cómo lo hace José, su esposo, ante la constatación de la evidencia del embarazo de su joven esposa antes de que viviesen juntos? María se confía totalmente a la voluntad de Dios. Se fía sin reserva alguna de las palabras del Ángel Gabriel que le asegura la plenitud de la gracia del Señor. “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”, es su respuesta. José, “que era bueno”, resuelve no denunciarla y repudiarla en secreto; pero cambia inmediatamente de opinión ante lo que le revela el Ángel, y la lleva a su casa, aceptando una paternidad, también desde el punto de vista humano, heroica. José obedece igualmente sin vacilar a la voluntad de Dios.

Ese sí confiado y entregado de ambos esposos a lo que quiere de ellos el Señor y a su gracia amorosa es su común respuesta: la que mantendrán firme y fielmente durante toda la vida, pese a que pronto se les iba a desvelar cuál sería el camino y el destino de aquel hijo intensa y piadosamente amado como no lo había sido nunca ningún hijo de los hombres ni lo sería después. Simeón, el anciano justo y piadoso que esperaba ver al Mesías antes de su muerte, al encontrarse con ellos en la entrada del Templo, adonde los padres del Niño Jesús le traían para ofrecérselo al Señor según la ley de Moisés, se lo predice con una escalofriante exactitud, dirigiéndose expresamente a María: “Mira éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y, a ti, una espada te traspasará el alma” (Lc 2,34-35). En definitiva, el amor a Dios y a aquel Hijo divino, que se les había confiado a pesar de su pequeñez y debilidad –¡amor de una ternura inigualable!- y la conciencia clara de que ese amor implicaba el estar dispuestos, sin ahorrar sacrificio alguno, a servirle en su obra salvadora de amor infinitamente misericordioso para con el hombre pecador, amenazado de ruina inminente, de muerte temporal y eterna, es lo que les inspira, impulsa y sostiene en la respuesta. ¡Una respuesta, finalmente victoriosa! ¡Una respuesta que vence al mundo!

7. ¡Ése es el modelo, queridos padres y madres de familia cristiana! ¿Queréis ser fieles a vuestra vocación? Imitad a María y a José. Confiaros a su amorosa intercesión. Es cierto que vivir vuestro matrimonio como os lo pide la voluntad de Dios, Creador y Redentor del hombre, fundar, mantener y cuidar a vuestra familia según la ley de Dios, antigua y nueva, confiados en su gracia, supone hoy un reto formidable. La cultura del relativismo egoísta, del interés y de la competencia de todos contra todos, y la cultura de la muerte son muy poderosas. El lenguaje de la creación es claro e inequívoco respecto al matrimonio: un varón y una mujer, el esposo y la esposa que se aman para siempre y ¡dan la vida! “Es necesario que haya algo como una ecología del hombre, entendida en el sentido justo”, nos enseñaba el Papa hace pocos días en su discurso de Navidad a la Curia Romana y refiriéndose al valor insustituible de la ley natural como garantía del bien de la persona humana y de la familia. El lenguaje de la Palabra, hecha carne en el seno de la Virgen María, Palabra redentora que sana, eleva y santifica la creación, es de una claridad insuperable. ¡El amor de Dios ha triunfado para siempre por la Cruz y la Resurrección de Cristo! Es posible, más aún, es bello vivir el matrimonio y la familia como la Sagrada Familia de Nazareth. Es posible y es necesario dar testimonio ante el mundo de la alegría honda y duradera que trae la familia cristiana. Es posible y urgente vencer la cultura de la muerte con la cultura de la vida. Se puede y urge vencer la cultura de la dura y egoísta competencia, ¡de la egolatría!, con la cultura del amor verdadero. La familia cristiana puede y podrá asegurarse la victoria anunciando la verdad del Evangelio de la Familia con obras y palabras según el modelo de la Sagrada Familia de Nazareth, celebrando su Misterio en la Eucaristía y orando unida en comunión con la Iglesia, la nueva Familia de los Hijos de Dios. ¡No hay duda! ¡el futuro de la humanidad pasa por la familia, la familia cristiana!

A Jesús, María y José se la encomendamos fervientemente en esta piadosa y emocionante celebración eucarística con toda la fuerza y el amor de nuestra plegaria.

¡Dales tú, Señor, a estas familias, congregadas en tu nombre para celebrar el Sacrificio de tu Amor públicamente en esta plaza madrileña y universal de Colón, y a todas las familias de España, vivir la gracia de Dios que es su matrimonio y su familia con el gozo y la esperanza de ser testigos de tu alegría!

Publicado por CasaBetania el 29 de Diciembre, 2008, 12:14 ~ Comentarios (7) ~ Comentar | Referencias (0)

Retiro sobre San Pablo.

Nuestro Movimiento eclesial “De Jerusalén a Betania”: Caminos de vida cristiana, ha programado el retiro del mes de julio sobre San Pablo. Hemos asistido 25 personas. Además del Retiro, hemos hecho una programaión bibliográfica sobre el apostol de los gentiles.

Puedes ver los materiales de dicho Retiro en la siguiente página web: http://www.sacravirginitas.org/material1.htm


Para programar este Retiro paulino, hemos seguido las pautas de la Vicaria de Evangelización  de nuestra Diócesis de Valencia en su documento “Acentos pastorales para el curso 2008-2009, se señala como objetivo el “EL AÑO PAULINO”:

“En primer lugar, recordemos dos acontecimientos que atañen a la Iglesia universal y que pueden ser una oportunidad para una profunda renovación espiritual y para encontrar nuevos impulsos evangelizadores en el momento actual: el Año Paulino que el Papa Benedicto XVI ha convocado y que se inauguró el día 28 de junio y la celebración de la Asamblea del Sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia durante el mes de octubre de este año. La fi gura y los escritos del Apóstol de las gentes son un tesoro del que la Iglesia se ha alimentado siempre y una fuente permanente de renovación espiritual y eclesial. Los escritos y la vida del Apóstol nos llevarán al encuentro con Cristo, a conformar nuestra vida con Él. En su magisterio, testimonio e intercesión, podemos encontrar la orientación, el estímulo y la gracia necesarias para responder a los nuevos desafíos de la evangelización con nuevo lenguaje, nuevo estímulo y nuevo ardor apostólico.

¡ PAX ET BONUM !
&quot; No me habeis escogido vosotros a Mi. Soy yo quien os he escogido y os he puesto para que vayais y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. &quot; (San Juan 15,16) .

Publicado por CasaBetania el 14 de Julio, 2008, 10:59 ~ Comentarios (9) ~ Comentar | Referencias (0)

46 frases(I)

 


50.- El propósito de la vida es una vida de propósito


49.- Si su vida va en dirección equivocada, Dios le permite girar en U


48.- El secreto para el éxito esta en: LEVANTARME cada vez que CAIGO


47.- Más importante que usted caiga, mucho más importante es que usted se levante.

46.- Aquellos que siguen a la multitud nunca serán seguidos por una multitud.

45.- Para llegar a ninguna parte, sigue a la multitud.

44.- ¿Sientes que Dios está lejos?  Adivina quién se movió…

43.- Errar es humano… pero cuando la goma se gasta antes que el lápiz, algo anda mal.

42.- Guiar a otros a hacer lo correcto es maravilloso.  Hacer lo correcto y luego guiarlos, es mucho más maravilloso… y difícil

41.- Experiencia, es haber descubierto muchas cosas que no debes hacer.

40.- Cuando Dios mide al hombre, no pone la cinta alrededor de su cabeza, sino de su corazón.

39.- Cualquiera que cometió un error y no lo corrige, comete otro.

38.- El crecimiento del líder determina el crecimiento de su gente.

37.- Las dificultades de la vida tienen el propósito de hacernos más dulces, no más amargos.

36.- Está bien sentirse contento con lo que uno tiene, pero nunca con lo que uno es.

35.- Si no estás haciendo nada con tu vida no importa cuan larga sea.

34.- El que es bueno para dar excusas, rara vez es bueno para otras cosas.

33.- Cuando dejas de cambiar, estás terminado.

32.- Necesitas correr con todas tus fuerzas, si pretendes permanecer en el mismo lugar. Si quieres llegar más lejos, tienes que correr al menos dos veces más rápido.

31.- Los sueños son como burbujas de jabón flotando cerca de rocas afiladas en un día ventoso.

30.- “SI” y “NO” son las dos palabras más importantes que puedes pronunciar. Éstas son las dos palabras que marcan tu destino en la vida.

29.- Tienes que hacer todo el bien que puedas
        De todas las formas que puedas,
        En todos los lugares que puedas,
         A todos los que puedas,
         Todo el tiempo que puedas.

28.- Observa tus grandes PROBLEMAS, ellos ocultan GRANDES OPORTUNIDADES.

27.- Puede clasificarse a las personas en tres grupos:

1.- Los que MIRAN como pasan las cosas

2.- Los que PREGUNTAN qué pasa

3.- Los que HACEN que las COSAS PASEN.

26.- La oración es la CLAVE para el éxito verdadero; somos más ALTOS cuando estamos de RODILLAS.

25.- Las IDEAS tienen corta vida, por eso debemos actuar antes de la fecha de VENCIMIENTO.

24.- La PREOCUPACIÓN  hace que algo muy PEQUEÑO, tenga una GRAN SOMBRA.

23.- La PREOCUPACIÓN es el laboratorio  en que se REVELAN los NEGATIVOS.

22.- Eres como un saquito de té, sin mucho valor hasta que hayas estado en agua bien CALIENTE.


21.- Vive tu vida como una EXCLAMACIÓN (¡¡¡)  no como una INTERROGACIÓN (  ¿? )

20.- Mientras MIRAS al SOL no puedes ver las SOMBRAS.

19.- No te AHOGAS por CAERTE al agua, lo haces si PERMANECES en ella.

18.- Recuerda: lo importante no es lo que te falta,  sino lo que haces con lo que tienes.

17.- La diferencia entre ORDINARIO y EXTRAORDINARIO es solamente de dos letras.

16.- No te preguntes ¿Y si no da resultado? Mejor pregúntate ¿Y si da resultado?

15.- ¿Dices “Padre nuestro” los domingos y actúas como un huérfano el resto de la semana?

14.- La gente indecisa es como el ciego que busca en un cuarto sin luz a un gato que no esta allí.

13.- El mejor rosal no es el que tiene menos espinas sino el que da las rosas mas finas.

12.- Con algunas personas gastas el tiempo con otras lo inviertes.

11.- Si lo que hiciste ayer todavía te parece grande, es porque hoy no has hecho mucho.

10.- No te conformes con tomar el EJEMPLO de otros, se tú mismo un EJEMPLO.

9.- Nunca tendrás un día perfecto hasta haber hecho algo por alguien que nunca pueda pagarte

8.- EL TEMOR Y LA PREOCUPACIÓN SON LOS INTERESES QUE PAGAS POR ADELANTADO POR ALGO QUE QUIZÁ NUNCA TENGAS.

7.- Por su PERSEVERANCIA el caracol llego al arca.

6.- Si hablan  NEGATIVAMENTE de usted  VIVA de tal manera que nadie les crea

5.- Ni toda la oscuridad del mundo, podrá apagar la luz que Dios ha puesto en su corazón.

4.- Quizás no puede controlar lo que le ocurre, pero usted puede controlar la actitud ante lo que le sucede.

3.- Si no sabes hacia dónde vas podrías llegar a otro lugar.

2.- Cuando hacemos todo lo  que  PODEMOS, DIOS hace todo lo que NO PODEMOS.

1.- Si fueras arrestado por haber sido BUENO, ¿habría suficiente evidencia para CONDENARTE?

 

Publicado por CasaBetania el 9 de Junio, 2008, 9:54 ~ Comentarios (6) ~ Comentar | Referencias (0)

46 frases

 

65.- Es bueno ser cristiano y saberlo, pero es mejor ser cristiano ¡y demostrarlo!


64.- Nunca debes permitir que la adversidad te haga caer, excepto que sea de rodillas.


63.- Muchos se olvidan de Dios durante todo el día y le piden que se acuerde de ellos por la noche.


62.- La conciencia es el sistema de alarma que Dios ha colocado dentro de nosotros, alégrate cuando te cause dolor. Preocúpate cuando no lo haga.


61.- Muchos quieren servir a Dios, pero sólo en calidad de consejeros.


60.- Algunos se quejan de que Dios haya puesto espinas en las rosas, mientras que otros le alaban por haber puesto rosas entre las espinas.


59.- Mejor es quedarse callado y que se imaginen que uno es un tonto, que hablar y despejar toda duda.


58.- La amabilidad es un idioma que el sordo puede oír y el ciego puede ver.


57.- Cierta clase de palabras pueden calentar tres meses de invierno

56.- Aliviar la pena de otro es olvidarse de la propia


55.- Si en su corazón no hay amor al prójimo, usted tiene la peor clase de problema cardiaco.


54.- Los muertos llevan a la tumba, muy bien agarrado en sus manos, solamente lo que han entregado.


53.- La ciencia puede prolongar la vida pero no ETERNIZARLA

52.- La perseverancia puede ser una planta amarga, pero tiene frutos dulces

51.-"No puedo” nunca logró nada, “Voy a intentarlo” ha logrado maravillas.


50.- El propósito de la vida es una vida de propósito

 

Publicado por CasaBetania el 9 de Junio, 2008, 9:53 ~ Comentarios (7) ~ Comentar | Referencias (0)

Analizando nuestra vida de amor ada día (III).

¿AMAMOS DE VERDAD?.

Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas; contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive son el producto de su ignorancia y su inconciencia, y darte cuenta de que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni siquiera en sí mismo; es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la vida.

"Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque tenga el don de profecía, y conozca todos los misterios y toda la ciencia; aunque tenga plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo amor, nada soy. Aunque reparta todos mis bienes, y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, nada me aprovecha.

El amor es paciente, es amable; el amor no es envidioso, no es jactancioso, no se engríe; es decoroso; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. El amor no acaba nunca".

Analizando el punto primero de este texto y adaptándolo a nuestra realidad de pareja, podemos ver que podemos estar haciendo muchas cosas por la relación, que nosotros consideramos de amor (hacer muchos regalos, sacrificarme trabajando, "quemarme" mi cuerpo haciendo sacrificios y todo tipo de privaciones, tener muchos detalles ...), pero todo eso puede que no lo esté haciendo, de verdad, por amor sino para que mi pareja esté tranquila, para que no me dé la lata, para tenerla contenta y así yo poder estar más libre para hacer "mis cosas" ... o por otras razones similares... en lo que hay más egoísmo que amor.

Lo que, de verdad, puede ser un espejo en el que yo pueda ver si lo que yo hago es realmente amor, es el segundo punto, analizando los "frutos" o resultados de eso que yo llamo amor, a saber: ¿Soy siempre paciente? ¿soy capaz de aguantar con paz cualquier cosa que haga mi pareja, aunque a mí no me guste? ¿Le creo todo lo que me dice? ¿Lo aguanto todo? ¿Lo espero todo? ¿Le excuso todo? ...

Me puedes decir, y con verdad, que ése sería un amor perfecto, que el tuyo no llega tan lejos, porque eres un ser humano que tiene unas necesidades .... Y es normal, porque en tu relación no existe sólo amor, sino que, como decimos al comienzo, hay sí una parte de amor, pero también hay una parte de egoísmo, y que es la parte que lleva a satisfacer tus necesidades.

Pero sí que es conveniente que te des cuenta qué es de verdad amor y qué es egoísmo, y que en tu pareja potencies el amor y vayas poco a poco eliminando el egoísmo. Así podrás darte cuenta de que los problemas que pueda existir estarán motivados por el egoísmo tuyo y por el que normal y lógicamente tendrá también tu pareja.

Y de ese juego, de ese análisis, de buscar entre los dos con toda ilusión y cariño, sin los consabidos reproches, la parte de egoísmo que hay en cada uno, de las actuaciones concretas de cada uno, con la ayuda del otro, de la ilusión que ambos pongan en ello, de idear cómo ir eliminando la parte de egoísmo que hay en cada uno, dependerá mucho la marcha de la pareja.

Hace unos días me vino por correo electrónico un texto titulado "Amar a un ser humano", que considero muy adecuado y que sería como un programa de revisión-actuación en este tema del amor. Lo transcribo a continuación. Después de cada punto, yo le he añadido, en letra cursiva-itálica, una pregunta que te puede ayudar a reflexionar, pero que no es la mejor ni la única pregunta que tú te puedes hacer. Dice así:

Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas; contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive son el producto de su ignorancia y su inconciencia, y darte cuenta de que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni siquiera en sí mismo; es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la vida.

Lo que, de verdad, puede ser un espejo en el que yo pueda ver si lo que yo hago es realmente amor, es el segundo punto, analizando los "frutos" o resultados de eso que yo llamo amor, a saber: ¿Soy siempre paciente? ¿soy capaz de aguantar con paz cualquier cosa que haga mi pareja, aunque a mí no me guste? ¿Le creo todo lo que me dice? ¿Lo aguanto todo? ¿Lo espero todo? ¿Le excuso todo? ...

Me puedes decir, y con verdad, que ése sería un amor perfecto, que el tuyo no llega tan lejos, porque eres un ser humano que tiene unas necesidades .... Y es normal, porque en tu relación no existe sólo amor, sino que, como decimos al comienzo, hay sí una parte de amor, pero también hay una parte de egoísmo, y que es la parte que lleva a satisfacer tus necesidades.

Pero sí que es conveniente que te des cuenta qué es de verdad amor y qué es egoísmo, y que en tu pareja potencies el amor y vayas poco a poco eliminando el egoísmo. Así podrás darte cuenta de que los problemas que pueda existir estarán motivados por el egoísmo tuyo y por el que normal y lógicamente tendrá también tu pareja.

Y de ese juego, de ese análisis, de buscar entre los dos con toda ilusión y cariño, sin los consabidos reproches, la parte de egoísmo que hay en cada uno, de las actuaciones concretas de cada uno, con la ayuda del otro, de la ilusión que ambos pongan en ello, de idear cómo ir eliminando la parte de egoísmo que hay en cada uno, dependerá mucho la marcha de la pareja.

Hace unos días me vino por correo electrónico un texto titulado "Amar a un ser humano", que considero muy adecuado y que sería como un programa de revisión-actuación en este tema del amor. Lo transcribo a continuación. Después de cada punto, yo le he añadido, en letra cursiva-itálica, una pregunta que te puede ayudar a reflexionar, pero que no es la mejor ni la única pregunta que tú te puedes hacer. Dice así:

Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas; contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive son el producto de su ignorancia y su inconciencia, y darte cuenta de que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni siquiera en sí mismo; es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la vida.

Analizando el punto primero de este texto y adaptándolo a nuestra realidad de pareja, podemos ver que podemos estar haciendo muchas cosas por la relación, que nosotros consideramos de amor (hacer muchos regalos, sacrificarme trabajando, "quemarme" mi cuerpo haciendo sacrificios y todo tipo de privaciones, tener muchos detalles ...), pero todo eso puede que no lo esté haciendo, de verdad, por amor sino para que mi pareja esté tranquila, para que no me dé la lata, para tenerla contenta y así yo poder estar más libre para hacer "mis cosas" ... o por otras razones similares... en lo que hay más egoísmo que amor.

Lo que, de verdad, puede ser un espejo en el que yo pueda ver si lo que yo hago es realmente amor, es el segundo punto, analizando los "frutos" o resultados de eso que yo llamo amor, a saber: ¿Soy siempre paciente? ¿soy capaz de aguantar con paz cualquier cosa que haga mi pareja, aunque a mí no me guste? ¿Le creo todo lo que me dice? ¿Lo aguanto todo? ¿Lo espero todo? ¿Le excuso todo? ...

Me puedes decir, y con verdad, que ése sería un amor perfecto, que el tuyo no llega tan lejos, porque eres un ser humano que tiene unas necesidades .... Y es normal, porque en tu relación no existe sólo amor, sino que, como decimos al comienzo, hay sí una parte de amor, pero también hay una parte de egoísmo, y que es la parte que lleva a satisfacer tus necesidades.

Pero sí que es conveniente que te des cuenta qué es de verdad amor y qué es egoísmo, y que en tu pareja potencies el amor y vayas poco a poco eliminando el egoísmo. Así podrás darte cuenta de que los problemas que pueda existir estarán motivados por el egoísmo tuyo y por el que normal y lógicamente tendrá también tu pareja.

Y de ese juego, de ese análisis, de buscar entre los dos con toda ilusión y cariño, sin los consabidos reproches, la parte de egoísmo que hay en cada uno, de las actuaciones concretas de cada uno, con la ayuda del otro, de la ilusión que ambos pongan en ello, de idear cómo ir eliminando la parte de egoísmo que hay en cada uno, dependerá mucho la marcha de la pareja.

Hace unos días me vino por correo electrónico un texto titulado "Amar a un ser humano", que considero muy adecuado y que sería como un programa de revisión-actuación en este tema del amor. Lo transcribo a continuación. Después de cada punto, yo le he añadido, en letra cursiva-itálica, una pregunta que te puede ayudar a reflexionar, pero que no es la mejor ni la única pregunta que tú te puedes hacer. Dice así:

Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas; contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive son el producto de su ignorancia y su inconciencia, y darte cuenta de que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni siquiera en sí mismo; es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la vida.

Analizando el punto primero de este texto y adaptándolo a nuestra realidad de pareja, podemos ver que podemos estar haciendo muchas cosas por la relación, que nosotros consideramos de amor (hacer muchos regalos, sacrificarme trabajando, "quemarme" mi cuerpo haciendo sacrificios y todo tipo de privaciones, tener muchos detalles ...), pero todo eso puede que no lo esté haciendo, de verdad, por amor sino para que mi pareja esté tranquila, para que no me dé la lata, para tenerla contenta y así yo poder estar más libre para hacer "mis cosas" ... o por otras razones similares... en lo que hay más egoísmo que amor.

Lo que, de verdad, puede ser un espejo en el que yo pueda ver si lo que yo hago es realmente amor, es el segundo punto, analizando los "frutos" o resultados de eso que yo llamo amor, a saber: ¿Soy siempre paciente? ¿soy capaz de aguantar con paz cualquier cosa que haga mi pareja, aunque a mí no me guste? ¿Le creo todo lo que me dice? ¿Lo aguanto todo? ¿Lo espero todo? ¿Le excuso todo? ...

Me puedes decir, y con verdad, que ése sería un amor perfecto, que el tuyo no llega tan lejos, porque eres un ser humano que tiene unas necesidades .... Y es normal, porque en tu relación no existe sólo amor, sino que, como decimos al comienzo, hay sí una parte de amor, pero también hay una parte de egoísmo, y que es la parte que lleva a satisfacer tus necesidades.

Pero sí que es conveniente que te des cuenta qué es de verdad amor y qué es egoísmo, y que en tu pareja potencies el amor y vayas poco a poco eliminando el egoísmo. Así podrás darte cuenta de que los problemas que pueda existir estarán motivados por el egoísmo tuyo y por el que normal y lógicamente tendrá también tu pareja.

Y de ese juego, de ese análisis, de buscar entre los dos con toda ilusión y cariño, sin los consabidos reproches, la parte de egoísmo que hay en cada uno, de las actuaciones concretas de cada uno, con la ayuda del otro, de la ilusión que ambos pongan en ello, de idear cómo ir eliminando la parte de egoísmo que hay en cada uno, dependerá mucho la marcha de la pareja.

Hace unos días me vino por correo electrónico un texto titulado "Amar a un ser humano", que considero muy adecuado y que sería como un programa de revisión-actuación en este tema del amor. Lo transcribo a continuación. Después de cada punto, yo le he añadido, en letra cursiva-itálica, una pregunta que te puede ayudar a reflexionar, pero que no es la mejor ni la única pregunta que tú te puedes hacer. Dice así:

Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas; contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive son el producto de su ignorancia y su inconciencia, y darte cuenta de que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni siquiera en sí mismo; es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la vida.

¿Soy capaz de "buscar" al verdadero ser humano al que amo, más allá o por encima de sus apariencias o me fijo en sus hechos, sin pensar en sus hondos y verdaderos motivos y en los conflictos internos que puede tener, sus miedos, los "mecanismos de defensa" que la "vida" le ha hecho sentirse necesitado de utilizar?

Amar a un ser humano es brindarle la oportunidad de ser escuchado con profunda atención, interés y respeto; aceptar su experiencia sin pretender modificarla sino comprenderla; ofrecerle un espacio en el que pueda descubrirse sin miedo a ser calificado, en el que sienta la confianza de abrirse sin ser forzado a revelar aquello que considera privado; es reconocer y mostrar que tiene el derecho inalienable de elegir su propio camino, aunque éste no coincida con el tuyo; es permitirle descubrir su verdad interior por sí mismo, a su manera: apreciarlo sin condiciones, sin juzgarlo ni reprobarlo, sin pedirle que se amolde a tus ideales, sin exigirle que actúe de acuerdo con tus expectativas; es valorarlo por ser quien es, no por como tú desearías que fuera; es confiar en su capacidad de aprender de sus errores y de levantarse de sus caídas más fuerte y más maduro, y comunicarle tu fe y confianza en su poder como ser humano.

¿Escucho con toda atención y respeto los verdaderos motivos por los que el ser amado actúa de una determinada forma y le ayudo a que sea cada vez más él mismo, o más bien busco la manera de hacerle cambiar para que se adapte a lo que a mí me gusta o interesa?

Amar a un ser humano es atreverte a mostrarte indefenso, sin poses ni caretas, revelando tu verdad desnuda, honesta y transparente; es descubrir frente al otro tus propios sentimientos, tus áreas vulnerables; permitirle que conozca al ser que verdaderamente eres, sin adoptar actitudes prefabricadas para causar una impresión favorable; es exponer tus deseos y necesidades, sin esperar que se haga responsable de saciarlas; es expresar tus ideas sin pretender convencerlo de que son correctas; es disfrutar del privilegio de ser tú mismo frente al otro, sin pedirle reconocimiento alguno, y en esta forma, irte encontrando a ti mismo en facetas siempre nuevas y distintas; es ser veraz, y sin miedo ni vergüenza, decirle con la mirada cristalina, "este soy, en este momento de mi vida, y esto que soy con gusto y libremente, contigo lo comparto... si tú quieres recibirlo".

¿Frente a la persona amada soy yo mismo/a, me ofrezco en mi estado verdadero y real actual, con mis debilidades y miedos y actuando con total libertad, o trato de ocultar alguno por vergüenza o por temor a que lo pueda utilizar en mi contra?

Amar a un ser humano es disfrutar de la fortuna de poder comprometerte voluntariamente y responder en forma activa a su necesidad de desarrollo personal; es creer en él cuando duda de sí mismo, contagiarle tu vitalidad y tu entusiasmo cuando está por darse por vencido, apoyarlo cuando flaquea, animarlo cuando titubea, tomarlo de las manos con firmeza cuando se siente débil, confiar en él cuando algo lo agobia y acariciarlo con dulzura cuando algo lo entristece, sin dejarte arrastrar por su desdicha; es compartir en el presente por el simple gusto de estar juntos, sin ataduras ni obligaciones impuestas, por la espontánea decisión de responderle libremente.

¿En mis relaciones con la persona amada, estoy pendiente de sus necesidades de apoyo, estímulo, cariño, desahogo..., o más bien voy siempre buscando satisfacer mis necesidades de apoyo, estímulo, cariño, desahogo...?

Amar a un ser humano es ser suficientemente humilde como para recibir su ternura y su cariño sin representar el papel del que nada necesita; es aceptar con gusto lo que te brinda sin exigir que te dé lo que no puede o no desea; es agradecerle a la vida el prodigio de su existencia y sentir en su presencia una auténtica bendición en tu sendero; es disfrutar de la experiencia sabiendo que cada día es una aventura incierta y el mañana, una incógnita perenne; es vivir cada instante como si fuese el último que puedes compartir con el otro, de tal manera que cada reencuentro sea tan intenso y tan profundo como si fuese la primera vez que lo tomas de la mano, haciendo que lo cotidiano sea siempre una creación distinta y milagrosa.

¿Procuro que los encuentros con el ser amado sirvan para el enriquecimiento mutuo que ambos necesitamos, sin exigir nada que el otro no quiera dar; procuro no caer en la rutina, haciendo que cada día esos encuentros supongan una renovación del amor que existe entre los dos?

Amar a un ser humano es atreverte a expresar el cariño espontáneamente a través de tu mirada, de tus gestos y sonrisas; de la caricia firme y delicada, de tu abrazo vigoroso, de tus besos, con palabras francas y sencillas; es hacerle saber y sentir cuánto lo valoras por ser quien es, cuánto aprecias sus riquezas interiores, aún aquellas que él mismo desconoce; es ver su potencial latente y colaborar para que florezca la semilla que se encuentra dormida en su interior; es hacerle sentir que su desarrollo personal te importa honestamente, que cuenta contigo; es permitirle descubrir sus capacidades creativas y alentar su posibilidad de dar todo el fruto que podría; es develar ante sus ojos el tesoro que lleva dentro y cooperar de mutuo acuerdo para hacer de esta vida una experiencia más rica y más llena de sentido.

¿Ayudo de verdad, con todo mi amor y cariño a que el ser amado descubra su auténtica riqueza interior y le estimulo de corazón a que haga todo lo posible por descubrir y hacer fructificar los talentos que posee, para que su vida pueda ser cada día más rica y agradable; o tengo miedo de que, si "crece" mucho, me pueda dominar o no lo/la puedo controlar?

Amar a un ser humano es también atreverte a establecer tus propios limites y mantenerlos firmemente; es respetarte a ti mismo y no permitir que el otro transgreda aquellos que consideras tus derechos personales; es tener tanta confianza en ti mismo y en el otro, que sin temor a que la relación se perjudique, te sientas en libertad de expresar tu enojo sin ofender al ser querido, y puedas manifestar lo que te molesta e incomoda sin intentar herirlo o lastimarlo. Es reconocer y respetar sus limitaciones y verlo con aprecio sin idealizarlo; es compartir y disfrutar de los acuerdos y aceptar los desacuerdos, y si llegase un día en el que evidentemente los caminos divergieran sin remedio, amar es ser capaz de despedirte en paz y en armonía, de tal manera que ambos se recuerden con gratitud por los tesoros compartidos.

¿Ayudo a la persona amada, con amor y libertad, a que respete mis y sus límites, que yo también respeto, y a dialogar con paz sobre las posibles diferencias que puedan existir entre los dos; o tengo miedo de que, si le pongo límites, me pueda dejar de querer o pueda tener una discusión, que quiero evitar ? Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona; es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera, como una expresión del "hombre", como una manifestación palpable de esa esencia trascendente e intangible llamada "ser humano", de la cual tú formas parte; es reconocer, a través de él, el milagro indescriptible de la naturaleza humana, que es tu propia naturaleza, con toda su grandeza y sus limitaciones; apreciar tanto las facetas luminosas y radiantes de la humanidad, como sus lados oscuros y sombríos; amar a un ser humano, en realidad, es amar al ser humano en su totalidad; es amar la auténtica naturaleza humana, tal como es, y por tanto, es amarte a ti mismo y sentirte orgulloso de ser una nota en la sinfonía de este mundo.

Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona; es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera, como una expresión del "hombre", como una manifestación palpable de esa esencia trascendente e intangible llamada "ser humano", de la cual tú formas parte; es reconocer, a través de él, el milagro indescriptible de la naturaleza humana, que es tu propia naturaleza, con toda su grandeza y sus limitaciones; apreciar tanto las facetas luminosas y radiantes de la humanidad, como sus lados oscuros y sombríos; amar a un ser humano, en realidad, es amar al ser humano en su totalidad; es amar la auténtica naturaleza humana, tal como es, y por tanto, es amarte a ti mismo y sentirte orgulloso de ser una nota en la sinfonía de este mundo.

¿Procuro ver en el ser amado a un "ser humano" más allá de su individualidad, como una representación de la humanidad, de la que yo también formo parte, a la que yo pertenezco, milagro de ser y de presencia, "nota en la sinfonía del mundo", manifestación viva de una Realidad, mucho más allá de cualquier apariencia?

Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona; es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera, como una expresión del "hombre", como una manifestación palpable de esa esencia trascendente e intangible llamada "ser humano", de la cual tú formas parte; es reconocer, a través de él, el milagro indescriptible de la naturaleza humana, que es tu propia naturaleza, con toda su grandeza y sus limitaciones; apreciar tanto las facetas luminosas y radiantes de la humanidad, como sus lados oscuros y sombríos; amar a un ser humano, en realidad, es amar al ser humano en su totalidad; es amar la auténtica naturaleza humana, tal como es, y por tanto, es amarte a ti mismo y sentirte orgulloso de ser una nota en la sinfonía de este mundo.

¿Procuro ver en el ser amado a un "ser humano" más allá de su individualidad, como una representación de la humanidad, de la que yo también formo parte, a la que yo pertenezco, milagro de ser y de presencia, "nota en la sinfonía del mundo", manifestación viva de una Realidad, mucho más allá de cualquier apariencia?

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Entiendo que alguien que no se haya parado a pensar mucho en estos temas, pueda decir que conseguir este tipo de amor que propongo es imposible para un ser humano; y yo le diría que estoy de acuerdo según desde el punto en que parta, o mejor, dependiendo de con qué ayuda pretenda contar para lograrlo. No digo que sea fácil, lo que sí digo, por mi experiencia de creyente, es que sin la ayuda de Dios ello sería imposible. San Juan dice que "todo el amor procede de Dios" y yo añado y repito que estoy de acuerdo en que, por mí cuenta, yo solo, sin la ayuda de Dios, es imposible conseguirlo. Para ello, para dar los pequeños pasos que Eva y yo hemos dado en este camino, estamos poniendo en práctica un método que vienen recomendando todas las religiones, y entre ellas de forma especial la Católica, a la que pertenecemos, y que además recomiendan muchísimos psiquiatras y psicólogos, no para este tema en concreto, sino, en general, para mejorar la vida: Practicar la meditación-oración todos los días. Pararnos cada día a pensar en nuestra vida, en cómo va, en cómo mejorarla, etc. y pedir la ayuda divina. Por ejemplo, lo recomienda en sus libros "Tus zonas mágicas" y "Tus zonas sagradas", Wayne Deyer, más conocido como el autor del libro "Tus zonas erróneas",

Creo que merece la pena dedicar unos ratos a "mejorar nuestra calidad de vida", observando con amor cómo va nuestra relación y, entre los dos, ir dando pasos, tranquilos pero decisivos, para mejorarla.

Publicado por CasaBetania el 7 de Marzo, 2008, 16:40 ~ Comentarios (7) ~ Comentar | Referencias (0)

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